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Pues sí, esimad@s amig@s, eso fue lo que comentó un profesor en una reunión de trabajo para aportar ideas que permitieran la renovación metodológica.
La verdad es que no pude evitar reírme por la broma de mi compañero; pero al ver la expresión de su cara comprendí que iba en serio, no era ninguna broma.
Mi compañero pensaba que el profesorado más joven era más receptivo a la innovación y por tanto a la renovación metodológica. Con la edad se supone que perdemos esas ganas de renovación y cambio.
Pero para innovar hay que conocer la tecnología, tener experiencia en formación, haber sufrido muchos fracasos (y éxitos), conocer las metodologías antiguas y nuevas. Por tanto una persona estará más capacitada para innovar cuanto más experiencia tenga y por tanto más edad. Pero lo que sí tiene razón mi compañero es en las ganas de innovar; es decir, cuanto más experiencia tenemos más nos tienen que convencer para renovar las metodologías.
Se lo voy a demostrar:
¿Recuerdan el cuento de Pedro y el Lobo?
Pedro era un pastorcillo que gustaba gastar bromas a sus paisanos, gritaba “que viene el lobo”; la primera vez que lo grito causó un gran alboroto, las personas acudieron a la llamada de Pedro (su capacidad de convocatoria le gustó); la segunda vez que dió el aviso pasó lo mismo; la tercera vez acudió menos gente y a partir de la cuarta ya no acudió nadie.
Sin embargo, un día vino el lobo de verdad, Pedro gritó y gritó pero nadie le hizo caso.
Todos sabemos la moraleja de este cuento: no hay que mentir o al menos no repetir la misma mentira más de tres veces.
No es la moraleja lo que me interesa destacar (habitualmente quien nos da la voz de aviso cree en ello), sino la capacidad de los paisanos de Pedro para acudir a la llamada, ¿Cuántas veces acudieron a la voz de aviso? 2 ó 3, a la cuarta seguro que acudió poca gente y a la quinta nadie.
Si usted tiene más de 45 años pregúntese ¿Cuántas veces ha escuchado decir con fuerza e insistencia que “ahora es la oportunidad para la renovación metodológica”?
Yo las voy a contar:
1.- Cuando apareció el ordenador personal. La aparición del ordenador podía ayudar a mejorar las metodologías y ciertamente era una oportunidad.
2.- Cuando apareció los CD-ROM multimedia. Los multimedia podrían ayudar mucho a la renovación metodológica y ciertamente podían.
3.- Cuando apareció Internet. Una auténtica revolución en todos los aspectos; ciertamente era muy útil.
4.- Con la aparición de la pizarra digital. Una buena herramienta para innovar.
5.- Con la implantación en la sociedad de la metodología 2.0. Muy útil para paradigmas de aprendizaje.
6.- Con el proceso de Bolonia en Europa y los procesos globales en el resto del mundo. Es cierto, Bolonia para Europa es una oportunidad.
Bueno, pues me salen 6 veces que he oído con mucha fuerza que hay que innovar; pero como en el cuento de Pedro y el Lobo, lo cierto es que no se innova.
Después de 6 voces de aviso, es lógico que cuando escuche la 7ª, 8ª y sucesivas sea escéptico y no me deje seducir por las voces, esperaré a ver el lobo antes de acudir a la llamada de Pedro; es decir, cuando vea que se renuevan las metodologías y sirve para algo, yo también lo haré.
Así pues, mi compañero tenía razón; si se jubilan a los mayores de 45 años (o mejor a mayores de 37) entonces los que quedan habrían oído muy pocas veces el grito de “ahora es el momento de renovar” y por tanto acudirían más prestos a la llamada. No digamos nada si a los que nos jubilen nos sustituyen por jóvenes de 23 años; el profesorado entero acudiría a la llamada.
Si en el pueblo de Pedro se marchara toda la gente y acudieran nuevos pobladores, Pedro podría seguir gritando “QUE VIENE EL LOBO”.
16 Enero 2009 a las 15:14 |
Una vez más has tocado un tema de absoluta trascendencia, y como tu yo también he oido el comentario, y tampoco creo que lo digan en broma. En mi caso , además encuentro la respuesta de quien dice que “a estas alturas nadie me va a aobligar a cambiar nada, que eso es cosa de jóvenes”. Esta situación y, en mi opinión y nadie me ha desmentido aun, la falta de mecanismos para “obligar” al profesorado a cumplir aquello que nuestros flamantes nuevos planes de estudio estipulan, hacen casi imposible que podamos conseguir innovar, renovar o mejorar.
Estoy totalmente de acuerdo contigo que no es tanto la edad del profesor lo que marca su postura frente a la innovación sino sus “cicatrices”, es decir las veces que lo ha intentado y ha fracasado (o al menos no triunfado), a veces por el sistema, a veces por los compañeros o por los temarios o por los estudiantes.
Yo que tengo algunas cicatrices, aun sigo acudiendo a la llamada, lo que no sé es hasta cuando.
un saludo
Ximo
19 Enero 2009 a las 21:35 |
Buen dilema y buena controversia, que viene a colación con mi respuesta a un post anterior y reciente: http://innovacioneducativa.wordpress.com/2008/12/19/bolonia-la-opinion-de-un-inexperto/#comment-1064.
Ahora bien, el reto que plantea este post es cómo dinamizar/convencer a los colegas escépticos con la renovación metodológica. Y no se trata de “volver a engañarlos” (que se sientan de nuevo engañados), sino renovar en ellos la ilusión por la docencia, que en muchos casos se ha perdido, o ha desconectado con la nueva identidad juvenil y los nuevos retos educativos. Si, con todo esto en contra, conseguimos al menos incitarlos a la auto-reflexión crítica de su evolución profesional, creo que ya estamos en el buen camino. Por lo menos hemos conseguido captar la atención de ellos hacia el nuevo camino de la innovación educativa. Pero claro, queda acompañarlos por ese camino, antes de dejarlos solos y con autonomía para innovar por sí mismos. ¿Tenemos en cada uno de los dptos universitarios colegas capaces de esto, de acompañar a los escépticos auto-críticos? De los escépticos no auto-críticos, ¿vale la pena insistir?