Historia de la informática educativa. La programación ramificada de Crowder

Junio 17, 2008

Este post forma parte de una serie que trata de describir una crónica sobre la historia de la informática educativa, narrada a través de mis propias vivencias. Post anteriores:

ramas fuente flickrccSigo contando las teorías  que me sirvieron para poner en práctica la aplicación de la informática en la educación, la narración continúa en los años 80, cuando comencé a buscar teorías, métodos o procesos que pudiera utilizar; me permito recordarles que por aquella época no sabía nada de teoría pedagógica (la verdad es que ahora tampoco se mucho), sin embargo como informático recién titulado si tenía conocimientos de programación de ordenadores.

 La máquina de enseñar de Skinner o la programación lineal era fácil de implementar en un programa informático, pero tenía el problema  de la uniformidad,es decir, todos los alumnos debían pasar por los mismos ítems educativos, y si había éxito el conocimiento de todos ellos sería muy similar.

 Cuando comencé a probar programas basados en el método de Skinner observé que funcionaban cuando el nivel que había supuesto para los alumnos era el adecuado; sin embargo, cuando esto no se cumplía, los resultados eran desastrosos, el problema no era el método de Skinner, el problema era que los conocimientos mínimos que se suponía que tenían los alumnos no eran tales y por tanto no podían hacer el programa. La solución a este problema lo encontré en el método de Crowder.

 Norman Crowder fue un contemporáneo de Skinner, que también basó sus trabajos en el conductismo, es decir, en la conexión estimulo-respuesta o respuesta condicionada, sin embargo, había una gran diferencia con Skinner, el método se adaptaba al alumno, no el alumno al método.

 A finales de los años 50 Crowder trabajó en las fuerzas aéreas norteamericanas en entrenamiento de técnicas especializadas en navegación aérea. Para formar técnicos en reparación de averías ideó un simulador que controlaba un proyector de películas, este proyector iba presentando una u otra secuencia en función del camino seleccionado por el técnico para reparar una determinada avería.

 Al igual que Skinner, Crowder trata de llegar a un método de enseñanza individual en el que no sea necesario el profesor; es decir Crowder y Skinner tienen el mismo objetivo, la principal diferencia es que Crowder parte desde un punto de vista distinto al de Skinner.

 La diferencia más significativa entre ambos métodos es que Skinner elabora el programa de enseñanza para que el alumno construya una respuesta “correcta”, sin embargo, Crowder utiliza la respuesta para elaborar el programa de enseñanza. Ésta será la característica que se utilizará tanto para distinguir los dos métodos de enseñanza como los programas de enseñanza asistida por ordenador en que se basaron ambos.

 La máquina de enseñar de Crowder

 El simulador que construyó Crowder describía una determinada avería y el usuario debía realizar una serie de pasos para tratar de repararla. Cuando el simulador finalizaba la exposición se presentaban en un panel varias posibilidades alternativas, entre las cuales el usuario debía elegir una. Cada una de las posibles alternativas representaba una acción o un paso concreto que debía realizar el usuario para reparar la avería. Si el usuario seleccionaba la opción correcta significaba que el usuario había realizado el primer paso para reparar la avería y el proyector le presentaba una película  en la que simulaba la ejecución del paso realizado, posteriormente se presentaba en un panel una serie de alternativas entre las que el usuario debía elegir una para realizar el siguiente paso. Si el usuario elegía las opciones correctas el simulador continuaba hasta que se reparaba la avería. Se puede concluir que en el caso de que un usuario de la máquina de Crowder elija correctamente todas las  opciones estaría comportándose igual que un usuario de la máquina de enseñar de Skinner.

Cuando el usuario de la máquina de Crowder elegía una opción incorrecta, entonces se ponía en marcha el proyector y mostraba una secuencia que trataba sobre las consecuencias de su elección (a menudo desastrosas para el dispositivo a reparar). La secuencia correctora trataba de demostrar al usuario que la respuesta era errónea y corregir ese error. Se supone que después de esta secuencia correctora el usuario no volvería a cometer el mismo error (posiblemente cometería otros; pero diferentes). La máquina de Crowder tenía preparada una secuencia correctora para cada opción que se presentaba al usuario.

 

Skinner intentaba disminuir las respuestas erróneas al mínimo ya que consideraba que los errores perjudicaban el aprendizaje, por eso cuando un alumno se equivocaba en su respuesta introducía el refuerzo para que la próxima vez contestara bien, sin preocuparse en exceso del contenido de la respuesta errónea. Sin embargo, Crowder utilizaba las respuestas erróneas para realizar nuevas explicaciones, y el objetivo era paliar el error que había cometido el alumno, por tanto importaba mucho el contenido de la respuesta errónea. Crowder sostenía que los errores no perjudicaban el aprendizaje si se corregían a tiempo y no se basó en ninguna teoría de aprendizaje para formular su método de enseñanza, simplemente defendió la conveniencia de mantener una buena comunicación con el usuario.

Crowder utilizaba las preguntas de elección múltiple para evaluar el aprendizaje y para definir el siguiente material didáctico a presentar. Por tanto se exige al autor del curso que plantee cuidadosamente las posibles respuestas, de tal forma que en función de la respuesta seleccionada por el usuario se sepa cual es el error y cual será el material didáctico a presentar para paliar el error.

 

¿Qué fue lo más me llamó la atención de la máquina de enseñar de Crowder y que marcó todo mi trabajo actual?

            EL PROGRAMA SE ADAPTA AL ALUMNO, NO EL ALUMNO AL PROGRAMA

Creo que es la primera vez que escribo un comentario en mayúsculas, lo merece.

 Sinceramente cuando comencé a realizar programas basados en el método de Crowder me encontré que tenía que ser más experto en la materia que para preparar uno de Skinner; me explico.

Con Skinner únicamente me tenía que preocupar de conocer la materia o dicho de otra forma, de no cometer errores en las explicaciones. Con leer un buen libro bastaba para hacer un programa “skinneriano”

Con Crowder no bastaba con conocer la materia, tenías que conocer los principales errores, como solucionarlos, que caminos alternativos podía proponer; en definitiva tenía que tener experiencia en la materia. Leer un buen libro no era suficiente, tenías que tener años de experiencia docente, de aplicar la materia en casos reales, o en su lugar (que era lo que yo solía hacer) trabajar con alguien que tuviese esa experiencia que yo no tenía; sin darme cuenta surgieron los equipos multidisciplinares, yo hacía las veces de informático y pedagogo (que me perdonen los pedagogos por esta deshonrosa intrusión en su área), otras personas aportaban los contenidos y otras la experiencia; juntos hicimos numerosas aplicaciones.

 Aún hoy en día es difícil encontrar programas basados en la ramificación de Crowder, realmente lo sustituyeron los programas basados en teorías de descubrimiento, pero eso será otro post.

 No he podido encontrar información multimedia sobre Norman Crowder, lo único que puedo facilitar son las referencias bibliográficas con las que en su momento trabajé.

  • Cowder, N. A. (1964). On the difference between linear and intrinsic programing. In A. G. Grazia, & D. A. Sohn (Eds.), Programs, teachers, and machines (pp. 77-85). New York, NY: Bantam Books.
  • Crowder, N. A. (1959): Automatic tutoring by means of intrinsic programming. In E. Galanter (Ed.), Automatic teaching: The state of the art, Wiley.
  • Crowder, Norman (1969). “Automatic Tutoring by Intrinsic Programming” In A. A. Lumsdaine and Robert Glaser, eds., Teaching Machines and Programmed Learning. Washington, D.C.: National Education Assn., 1960.

 


Historia de la Informática Educativa; bueno, primero mi historia.

Abril 2, 2008

ordenador spctrum sinclair fuente flickrrCuando tenía 20 años era estudiante de informática en la Escuela Universitaria de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid; en aquel tiempo tenía la buena costumbre de leer cuantas revistas de informática caían en mis manos.

Recuerdo un artículo que planteaba que con el ordenador se podía enseñar a sumar; para mí eso fue un fuerte choque de ideas: en la universidad nos enseñaban que el ordenador podía hacer grandes cantidades de cálculos y en poco tiempo; sin embargo, aquel artículo planteaba que con el ordenador podíamos enseñar a otras personas a realizar esos mismos cálculos.

Durante varios días no dejé de pensar en ese planteamiento, utilizar el ordenador para enseñar a calcular en vez de utilizarlo para calcular. Se me ocurrieron algunas ideas y decidí escribir una carta al autor del artículo para comentárselas; al cabo de unas semanas me respondió animándome a trabajar en esa línea. Para estar seguro de lo que me decía en la carta acudí a mi profesora de inglés (profesora Marinela), mientras comentábamos lo que ponía en la carta llegó el director de la Escuela (profesor Mateo), se interesó por el tema y se ofreció para dirigirme el proyecto fin de carrera, que por supuesto versaría sobre la utilización del ordenador para enseñar.

Comencé a trabajar en el proyecto fin de carrera, no encontré prácticamente nada de bibliografía, ni mucho menos proyectos; se habían realizado algunas cosas en Inglaterra y Estados Unidos, pero poco más. Así pues, decidí desarrollar unidades didácticas (todo el curso de matemáticas para 7º de E.G.B., niñ@s de 13 años); una vez finalizado tenía que probar las unidades didácticas. En mi casa las probé con niños voluntarios (bueno los voluntarios fueron sus padres); durante los primeros meses no conseguí que aprendieran nada; pero después de muchos cambios un niño dijo… ¿esto era lo que mi profesora Tomasa me quería enseñar?, pero que fácil es….

Esa noche no dormí, “reprogramé” todas las unidades didácticas y al cabo de unas semanas tenía ultimadas las unidades didácticas, listas para ser probadas.

Busqué un colegio donde probar las unidades didácticas; fue una tarea dura:

Unos no tenían ni un solo ordenador, en aquel entonces se llamaban micro-ordenadores, y los más populares eran el Atari, Dragón o Spectrum (que tenía una memoria principal de 48 K).

En otros colegios eran los profesores quienes me miraban mal (al menos eso me parecía), me decían que una máquina nunca sustituiría al profesor, al principio pensé que estaban locos, no sabía muy bien a qué venía esa frase, ahora pienso que no les expliqué bien la idea.

Y en otros ni tan siquiera me recibían.

Al final, de nuevo acudió en mi ayuda mi profesora de Inglés (Marinela) y me gestionó el poder probar el proyecto en el Colegio Base de Madrid (creo que en aquel entonces su director se llamaba César García), no sólo se ofreció a probar el proyecto, sino que montó un aula de informática (con Spectrum); era la primera vez que veía tantos ordenadores juntos. Un ex-alumno de ese colegio trabajaba en IBM, y no sé cómo, consiguió conectar todos los ordenadores en red. El aula de informática y los programas educativos se utilizaron como refuerzo para los alumnos que iban mal en matemáticas (fue un buen planteamiento). Una vez realizadas las pruebas pude por fin acabar y leer mi proyecto fin de carrera (la verdad es que ya no mantuve relación con el Colegio Base; por tanto, no sé como finalizó aquella historia).

Recién finalizado el proyecto fin de carrera entré a trabajar en el Departamento de Matemática Aplicada y Métodos Informáticos de la Escuela de Minas (como informático, no como profesor). El director del Departamento era Carlos Conde y el director de la Escuela Francisco Michavila; ambos me animaron y ayudaron muchísimo a aplicar la informática educativa en la formación; resulta que la Escuela había organizado una semana sobre informática educativa, era la primera que se había realizado en España (al menos que yo sepa), me ofrecieron colaborar en la organización de la segunda semana (fuí el secretario del comité organizador), esa actividad me permitió conocer a muchas personas, bueno la verdad es que eran pocas, pero eran todas las que en aquel momento estaban trabajando en informática educativa.

Han pasado 25 años y desde entonces continúo en el mismo Departamento (ahora de profesor) y dedicándome a lo mismo, a la “informática educativa”.

Supongo que si alguien ha conseguido llegar a este punto de la lectura se preguntará ¿y para qué nos cuenta este hombre su vida?, ¿será la edad?, ¿se aburre?, ¿va a seguir con los próximos 25 años?.

Pues sí; mi idea es seguir con los 25 años y contarles la historia de la informática educativa, al menos la historia que yo he vivido; es un proyecto que siempre he querido realizar, pero que por falta de tiempo nunca he emprendido.

¿Y por qué publicarlo en un blog?, pues porque un blog no me exigirá una estructura tan rígida y formal como cualquier otro medio de comunicación; porque lo puedo enfocar desde un punto de vista personal, porque lo iré escribiendo poco a poco, sin compromisos de plazos y porque al publicar este post en el blog, asumo el compromiso ante los lectores de realizar esta actividad.

Parece mentira, pero el inicio de mi trayectoria profesional se la debo a 5 personas: Dan (el del artículo), Marinela, Mateo, Conde y Michavila. A una de esas personas (Dan) ni tan siquiera la conozco, a dos (Marinela y Mateo) he perdido el contacto y, afortunadamente, las otras dos (Michavila y Conde) continúan ayudándome.

 

Gracias a to2; mejor dicho, a tolos5.