Publicaciones de la categoría: Barreras Innovación

TRASPASAR vs TRASFORMAR

Traspasar by A. Fidalgo

Traspasar by A. Fidalgo

Internet dio inicio a una revolución que transformó la sociedad, generando nuevos productos, nuevas demandas y nuevas necesidades; cambiando la mayoría de los servicios y dando lugar a otros nuevos.

En el mundo de la formación, internet inició un traspaso del modelo clásico a un modelo on-line; los mismos contenidos de siempre se digitalizaron, las clases teóricas se sustituyeron por videos o presentaciones y la acción tutorial por un foro. También (y de forma oficial) se emplearon los mismos indicadores de medición: la asistencia a clase se medía por el tiempo que una persona estaba sentada delante del ordenador, la participación del profesorado se medía por los mensajes que se contestaban en los foros y completar el curso significaba que los alumnos habían abierto todos los apartados del curso.

Desde entonces, hemos seguido traspasando el mismo modelo presencial al modelo on-line, incluso hasta la última moda (los MOOC) utilizan los mismos elementos. Dicen que muchas asignaturas presenciales se han transformado porque tienen sistemas e-learning de apoyo, pero la gran mayoría lo que han hecho, es que los alumnos en lugar de ir a “fotocopiadora” para tener una copia de los apuntes los descarguen por internet; es decir, se han traspasado los contenidos de la fotocopiadora a internet.

 Traspasar está bien, que el modelo clásico llegue a más sitios (por ejemplo entornos rurales), que sea más flexible (seguir un curso por la noche o los fines de semana), que sea gratuito y que instituciones presenciales y de prestigio pongan sus contenidos en abierto, todo esto está bien. Sin embargo ya es hora de que, al menos desde la formación presencial dejemos de exportar nuestro modelo más clásico, es hora de comenzar a trasformarlo, de aprovechar lo que nos ofrece ese maravilloso océano que es internet

Desde un punto de vista político y de gestión, se nos puede decir que el modelo se ha transformado y eso es cierto, se han aprobado leyes nuevas, modelos de gestión nuevos, incluso programas como escuela 2.0 o Bolonia, iniciativas nuevas (OCW, MOOC), pero el impacto sigue siendo el mismo, la misma tasa de fracaso escolar, los mismos resultados.

Es lógico; puede haber nuevas leyes  y nuevos modelos, pero el profesorado es el mismo, las aulas son las mismas, las metodologías mayoritarias son las mismas, a nuestro alumnado lo que más le cuesta es aprobar el examen (que sigue siendo del mismo tipo),  la principal labor de aprendizaje se continua haciendo en el aula con la misma distribución (profesor en tarima y alumnos sentados mirando, perdón, tomando notas) y para el progreso del profesorado se siguen utilizando los mismos indicadores que antes de existir internet. Es como si en todas esas nuevas leyes y modelos todo lo que ha supuesto internet fuese invisible.

No podemos continuar cerrando los ojos a la infinidad de conocimiento accesible y en abierto, a las numerosas herramientas para compartir y cooperar ni a la conectividad permanente y desde cualquier lugar.

No podemos continuar aferrados a nuestro modelo de transmisores de conocimiento (muchas veces de conocimientos de otros), tenemos que pasar a un modelo de facilitadores de conocimiento, valores y capacidades.

No podemos continuar viendo a nuestro alumnado como unos receptores pasivos de conocimiento, tenemos que verlos como creadores de conocimiento.

No podemos continuar “reiniciando” todo cuando comienza un nuevo curso, hay que utilizar el conocimiento que se ha generado en los cursos anteriores para mejorar los posteriores.

No podemos continuar encerrando el conocimiento en las paredes de nuestras aulas, tenemos que transmitirlo al resto de la sociedad, y el alumnado debe ser partícipe de ello.

En definitiva  tenemos que concentrar esfuerzos en trasformar el modelo formativo, no utilizar internet para traspasarlo.

Cruceros vs flotadores

Fotografía by Yozine

Fotografía by Yozine

Siento frío, no sé si podré mantenerme a flote por mucho más tiempo. El agua esta gélida, los músculos se agarrotan y como puedo, me aferro al flotador para aguantar una noche más; quizás debería haber subido al crucero que, de vez en cuando, navega a mi lado.

Dicen los expertos que la labor que hacen las personas que van en el crucero es importante y la medición del esfuerzo se hace en base a indicadores claros y aceptados por la comunidad internacional. Por tanto, los expertos deciden que hay que mejorar el crucero. Coincido con esa apreciación, pues si la labor es importante y si se puede medir claramente el esfuerzo, que se recompense ese esfuerzo y se mejore el crucero está bien (y lo digo sinceramente a pesar del frío de la noche).

Dicen los expertos que la labor que hacemos, las personas que estamos en el agua, está bien  pero que la medición del esfuerzo que realizamos es difícil y que los indicadores actuales  (tiempo que llevas en la profesión y los cursos de socorrismo que hemos realizado) no son eficaces. También estoy de acuerdo con esto, ya que con esos indicadores todos tenemos la misma puntuación: los que solo navegan en el crucero, los que alternan viajes en el crucero con zambullidas y los que solo estamos en el agua.

Con lo que no estoy muy de acuerdo es con la solución que proponen los expertos y que las autoridades  aplican. Como los criterios de medición no están nada claros para las personas que están en el agua, pues quitémosles el flotador y se lo ponemos al crucero, que ahí sí que están claros.

Los que estamos en el agua pensamos que la solución no es quitarnos el flotador. La solución se basa en establecer unos criterios claros (los que sean) pero que permitan distinguir al que está en el agua salvando a personas del que se está dando un placentero baño y, ya de paso, como hacen con el crucero, que mejoren el flotador de los que se dedican a evitar que las personas se ahoguen.

Pues sí, queridos compañeros de infortunio, queridas personas congeladas y perdidas en la oscuridad de la noche, como ya han adivinado, las personas a las que salvamos son nuestros alumnos (que según todos los indicadores, en España, son de los que más se ahogan), el flotador es la valoración que se otorga al profesorado por dedicarse a “la docencia” y el crucero es la valoración que se otorga al profesorado por dedicarse a “la investigación”.

Y sobre lo que dicen los expertos:

Reduciendo complementariamente (por ej. al 15%) los méritos por ‘docencia’. Es inapropiado valorar los méritos docentes por el número de años que el candidato ha dado clase32  o por los cursillos de ‘innovación educativa’ que ha seguido (de hecho, estos ‘méritos’ están generando proliferación de ‘cursillos’ sin valor alguno)”   

Extracto del informe “Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del sistema universitario Español”, página 32 primer párrafo  (de acuerdo con todo el diagnóstico que refleja el párrafo, en desacuerdo con la solución de reducir)

Créanme, apoyo la labor de los expertos y autoridades, apoyo que se suministre un crucero a nuestros investigadores para que hagan mejor su trabajo, apoyo que establezcan los indicadores que consideren oportuno para medir el esfuerzo educativo, pero por favor, no nos quiten el flotador ya que entonces algunas personas se subirán al crucero con el corazón roto y lágrimas en los ojos por ver como nuestro alumnado se ahoga y otras personas…. otras personas nos ahogaremos con ellos.

58 cursos, 18 universidades y 40.000 personas interesadas

Open by Ángel Fidalgo

Open by Ángel Fidalgo

58 cursos, 18 universidades y 40.000 personas interesada y todo esto en 14 días. La cifra irá en aumento y no tendrá ningún problema en alcanzar las 100.000 personas. Efectivamente, estoy hablando de los MOOC, del interés que hay en ellos las cifras dan fe, así como las charlas, jornadas de presentación que están haciendo las universidades, información en la web social, seminarios y un montón de universidades participantes, agrupadas en plataformas.

Una vez más la historia se vuelve a repetir, la sociedad se vuelca con una nueva idea, incluso muchas personas ven en esta iniciativa como un punto de inflexión, como el comienzo de un nuevo modelo formativo. Los que llevamos un tiempo en esto de la innovación educativa, ya hemos vivido historias similares, se despierta un gran interés para un tiempo después abandonarlo por otra idea que irrumpe con más fuerza.

No me malinterpreten, creo en los MOOC, de hecho participo en uno de los que indicaba en el título del post; sin embargo, me preocupa que se cree una burbuja y que pasado un breve tiempo explote, perdiendo de nuevo otra oportunidad; es como si la historia se repitiese una y otra vez.

Preparar un MOOC no es fácil, es masivo y con participantes heterogéneos, de distintos niveles educativos, con distintos intereses y con mucha curiosidad; además la idea es que haya un aprendizaje cooperativo, que los alumnos sean participativos y que se cree una comunidad (en muchos casos no conseguimos hacer eso ni con nuestros propios alumnos).

Como decía, no me parece fácil hacer un MOOC,  en el curso en el que participo ya hay más de 1000 personas apuntadas (y comienza en marzo), de momento me estoy basando en “los cinco pasos para tener éxito en un MOOC de Dave Cornier” ya veremos qué pasa

Me preocupa que se cree una burbuja MOOC  y que explote.

¿Cómo se puede crear la burbuja? Fácil, fijándonos solo en lo que significa MOOC, Curso Masivo On-line y en Abierto.. pues nada, pongo mis apuntes en una de las plataformas existentes (eso sí, en formato video),unos test, un foro, un wiki y un blog y ya tengo un MOOC. Fácil ¿verdad?

¿Cómo puede explotar la burbuja? Fácil, los participantes, al ver que es un curso como tantos otros, al final no los cursará.

Para terminar pareciendo positivo, decir que aunque se transforme en una burbuja y explote, se habrá conseguido que las universidades avancen en poner en abierto su conocimiento (ya comenzaron con OCW) y si además las mismas universidades buscan fórmulas para acreditar a los participantes en el curso, estaremos hablando de que efectivamente algo está cambiando en la universidad.

Indicadores Innovación Docente

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la innovación educativa es a la ausencia de indicadores que nos permitan medirla, contrastarla y valorarla.

La ausencia de indicadores hace que mucho parte del profesorado ande un poco perdido, tanto para realizar innovación educativa como para implantarla. Cuando no se tienen indicadores que seguir,  se tiende a meter en un mismo saco las buenas y malas prácticas, se suele perder el esfuerzo invertido en algo que ya está realizado, unos y otros reinventamos continuamente la rueda y lo que es más grave, ni avanzamos ni consolidamos innovaciones educativas.

Actualmente, algunos grupos de profesorado de cuatro universidades diferentes, estamos trabajando en identificar indicadores relacionados con la innovación educativa en toda su cadena de valor: hemos identificado criterios de publicación en revistas de impacto, hemos estudiado las palabras clave de trabajos presentados en congresos, hemos analizado documentos oficiales sobre innovación, hemos leído convocatorias de financiación sobre innovación docente y finamente hemos preguntado al propio profesorado.

Actualmente existen indicadores de innovación, pero suelen estar más orientados a la institución (grupos de innovación, trabajos en el repositorio, asignaturas OCW, convocatorias, organización de jornadas,…) e incluso a nivel regional (recursos humanos, tecnológicos, inversiones,…). Sin embargo, no existen indicadores referidos al día a día del profesorado.

Por este motivo, para identificar indicadores desde el  ámbito del profesorado, se organizó un seminario 2.p; en él se contó con la participación de algunos expertos y del público asistente. A partir de esos trabajos, se ha elaborado una encuesta que en principio, se envió a los autores que habían presentado trabajos en  cuatro congresos diferentes (CINAIC, CITEC, CUIEET, UNIZAR).

Ahora, hemos puesto la encuesta en abierto a los participantes en cualquier congreso relacionado con la innovación docente.

Te animo  a participar en esta encuesta, de esa forma tendremos un estudio sobre los indicadores desde el punto de vista del profesorado. La encuesta es anónima, pero si dejas tu correo, en el momento que tengamos la memoria del proyecto te la haremos llegar.

Pulsa aquí para hacer la encuesta.

TRABAJO INVISIBLE

La “Teacher of the Year Foundation“ entrega el premio al mejor profesor del año (aunque a Bart le resulte extraño que se entreguen premios por enseñar). En el año 2003 la señorita Edna Krabappel fue nominada  a tan preciado galardón.

Los nominados, todos ellos profesores por supuesto, tienen una cara como la que tenemos al final del curso; pero cuando les comunican que el premio consiste en entregarles suficiente dinero para, específicamente, dejar de dar clase, todos ellos se ponen a bailar.

Casi 10 años después de la emisión de ese episodio de los Simpsons,  en España se ha hecho algo parecido. A los mejores profesores se les premia con dar menos clases y al resto de ellos, además de ponerles la etiqueta de “profesor con demasiado tiempo libre”, se les castiga con dar más clases. Para merecer este tan preciado galardón (llamado sexenio de investigación) debes publicar, y si no lo tienes,  te castigan.

Si  el objetivo de la ley, es que se aumenten el número de publicaciones científicas en revistas de impacto y que el profesorado deje de hacer otro tipo de tareas; en ese caso, es una ley brillante que supera a las anteriores (antes se premiaba a los que tenían el galardón, pero no se castigaba a los que no lo tenían). Permítanme demostrar estas afirmaciones.

Las tareas principales del profesorado, además de dar clases son:

  • Investigación que genere publicaciones científicas.
  • Investigación aplicada  que genere recursos económicos y humanos para la universidad (convenios y proyectos principalmente con el sector productivo)
  • Publicación social (web 2.0)
  • Mejora del proceso de formación (innovación educativa, mejora calidad, atención al alumnado,…)
  • Gestión académica (cargos, comisiones,…..)

Si Ud. se dedica a realizar proyectos con empresas  y otros organismos, para generar recursos directamente a la sociedad, contratar personal (habitualmente alumnos y recién titulados), darles formación muy cercana a la demandada por el sector productivo y a generar recursos económicos para la universidad;  en este caso, querido profesorado,  no dedicará tiempo a publicar y por tanto, se le castigará con el aumento del número de clases, ya que todo ese trabajo es TRABAJO INVISIBLE.

Si se dedica a publicar o generar recursos en la web 2.0 y lo que hace es útil para la sociedad (se reconoce por número de visitas, mensajes indicando que les ha sido útil, repercusión, enlaces a otros medios sociales, lugares que ocupa al hacer una búsqueda por internet,….);  en este caso, querido profesorado, no dedicará tiempo a publicar y por tanto, se le castigará con el aumento del número de clases, ya que todo ese trabajo es TRABAJO INVISIBLE.

Si Ud. se dedica a la formación, a formarse en tecnologías, nuevos paradigmas, asiste a congresos sobre innovación educativa, se esfuerza dejándose la piel en innovar, se pasas horas sin dormir pensando cómo conseguir mejorar el aprendizaje de sus alumnos…. en este caso, querido profesorado, no dedicará tiempo a publicar y por tanto, se le castigará con el aumento del número de clases, ya que todo ese trabajo es TRABAJO INVISIBLE.

Si se dedica a la gestión académica, a gestionar una universidad, centro o departamento; a atender a los miembros de la universidad, a organizar y administrar los recursos; en este caso, querido profesorado, no dedicará  tiempo a publicar y  por lo tanto, se le castigará con el aumento del número de clases, ya que todo ese trabajo es TRABAJO INVISIBLE.

Creo que la política actual dará sus frutos, el profesorado publicará en revistas científicas mucho más que antes; sinceramente espero que esta ley dé sus frutos, y que ese aumento de publicaciones resuelvan los problemas que siempre hemos tenido en la universidad.

Desde este blog, felicito sinceramente a las personas que han diseñado esta  estrategia  y estoy seguro de que se publicará más en revistas científicas  y disminuirán el resto de actividades. Reconozco que publicar en revistas científicas de impacto es importante, pero también pienso que es importante dedicar tiempo a la gestión, a mejorar el aprendizaje, a transferir a la sociedad recursos útiles, a publicar en abierto,  a dar trabajo a recién titulados, y como no, a generar recursos económicos para la universidad.

Si usted está en ese grupo de personas un poco imbéciles (o locas, quien sabe) y continua dedicándose a crear riqueza para la sociedad, a innovar, a mejorar el aprendizaje de sus alumnos, a crear recursos útiles compartiéndolos gratuitamente en la web 2.0 o  a gestionar, pues sepa, qué usted no se dedica a la formación… ESTÁ ENAMORADO DE ELLA Y YA SE SABE, POR AMOR SE HACEN LOCURAS.

La producción científica va bien ¿y el fracaso escolar?, pues también.

Los datos.

España ocupa el 9º lugar mundial en producción científica (documentos publicados), de la cual el 66% corresponde a la universidad. Esto significa que nuestro profesorado es francamente bueno en cuanto a publicaciones se refiere.

España ocupa la posición 39 a nivel mundial, en cuanto a innovación. No tengo datos de lo que  aporta la universidad a esta cifra, pero está muy lejos de lo que aporta a la producción científica. Esto significa que aun suponiendo que tengamos un aporte significativo, no parece que consigamos posicionar a nuestro país en los primeros puestos de la innovación (que tiene su repercusión directa en la generación de recursos económicos).

España tiene un 30% de fracaso escolar, tanto en niveles universitarios como no universitarios. Situándose en los últimos lugares (de los países OCDE) y muy lejos de las medias de los países desarrollados. Esto significa que el resultado del servicio que estamos dando es pésimo.

Para entender mejor los resultados interpretemos esos resultados como si fuésemos una empresa:

Nuestro personal es francamente bueno publicando.

Nuestra empresa no genera recursos económicos.

Nuestra empresa presta un mal  servicio a sus clientes.

El por qué de esta situación

El impresionante incremento en la producción científica se debe en gran medida a las políticas que se han seguido en la universidad. Para que el profesorado pueda obtener una plaza, para que pueda progresar, ascender y mejorar económicamente es necesario publicar.

Es evidente que si para todo lo anterior el indicador hubiese sido la tasa de fracaso escolar, los esfuerzos se hubiesen concentrado en mejorar el proceso de aprendizaje y reducir el fracaso escolar.

Es evidente que si para todo lo anterior el indicador hubiese sido la innovación (la que genera recursos económicos) los esfuerzos se hubiesen concentrado en obtener productos y servicios que mejoraran la competitividad de nuestra sociedad.

Los nuevos gestores y la toma de decisiones.

Evidentemente esta situación es heredada; es decir, los actuales gestores académicos nada tienen que ver con ella.

No entiendo mucho de grandes planes estratégicos, ni de toma de decisiones que puedan cambiar la actual situación académica. Pero imagino que nuestros actuales gestores, conocedores de la actual situación de la formación, han sopesado alternativas y son conocedores de que la formación es una inversión, de que la innovación genera recursos económicos y de que la situación de nuestra universidad es mala.

La decisión ha sido tomada y, por perpleja que a mi me parezca, esta ha sido:

CONTINUAR POTENCIANDO LAS PUBLICACIONES.

Para obtener una plaza de profesorado, para progresar profesionalmente y para mejorar económicamente se necesita publicar. Vamos, que ya que somos buenos en algo, vamos a mantenerlo (digo yo que habrán pensado en eso).

Del  30% del fracaso escolar, ni hablar. No hay forma de distinguir al profesorado de calidad del profesorado pésimo (que lo hay). Da igual que seas un buen o un mal profesor, nadie te lo va a tener en cuenta (excepto el alumnado y algunos colegas).

Del puesto 39 en la innovación, ni hablar. No hay forma de distinguir al profesorado que innova, que genera recursos económicos, que contrata becarios, que colabora con la empresa aportando ventaja competitiva. Supongo que eso, en la actual económica mundial, se deje para los que de verdad entienden de economía (por ejemplo a la Banca).

Pues nada, nada, que en la próxima década a lo mejor estamos los primeros en producción científica (y que conste que eso es bueno, que no estoy en contra), pero en cuanto a reducir el fracaso escolar y mejorar la innovación, pues no sé como evolucionará  pero lo que está claro es que cada vez menos profesorado se dedicará a la docencia  y a la innovación.

¿Por qué esta suposición?

Sencillo antes la publicación se valoraba, pero era opcional, si no publicaba no te promocionabas y ya está; pero ahora en la práctica es obligatoria, si no publicas, además te castigan asignándote el doble de docencia (y si publicas te quitan la mitad).

A lo que hemos llegado, tener más docencia se utiliza como castigo; con esta visión no creo yo que se reduzca el fracaso escolar ni se aumente la innovación. Pero queridos alumnos, apreciadas familias, estimada sociedad.. tendrán ustedes un profesorado en los primeros puestos mundiales de la producción científica (espero que esto les sirva de consuelo)

TRISTEZA

¡Tristeza! porque personas con una gran vocación docente dicen que dedicarse a la docencia (e innovación educativa) penaliza la obtención de una plaza de profesor.

¡Tristeza! porque impartir formación se utiliza como un castigo a los que precisamente más se dedican a la docencia.

¡Tristeza! porque, como siempre, ahogan un poco más al profesorado que le gusta la docencia e innovar en ella.

¡Tristeza! porque, como siempre, al buen profesorado no se le reconoce ningún mérito igualándole al mal profesorado, a la hora de considerar cualquier promoción.

¡Tristeza! porque nosotros mismos, en los pocos reductos que tenemos de decisión (obtención de méritos, plazas…) tampoco consideramos la docencia como un valor para ser profesor.

¡Tristeza! porque, como siempre, escucho un doble lenguaje; los mismos que nos dicen que tenemos que innovar, adaptarnos a Bolonia y esforzarnos en aplicar paradigmas de aprendizaje, a la hora de reconocerlas se les olvida incluirlas como méritos.

Hay mucho profesorado que se siente indignado, otro  resignado, otro encantado (aunque no lo digan) y otro con ganas de luchar. Yo no, yo me siento triste.

Me siento triste, ya que desde que llevo en esto de la formación (más de 26 años), nuestros gestores siempre nos aprietan un poco más la tuerca del garrote vil que nos están poniendo a todos los que deseamos dedicarnos a la formación y a innovar en la docencia. A lo máximo que ha llegado algún responsable político es  a no apretar la tuerca (nunca aflojarla).

Tenemos tan apretado el garrote vil, que cualquier nueva vuelta estrangula irremediablemente a la innovación educativa, es una tortura acompañada de frases que nos dicen “dedícate a publicar”, “la docencia penaliza”, “no eres nadie”…

Es tan fuerte la presión del garrote alrededor de nuestro cuello, que apenas podemos articular palabra alguna, pero en un último esfuerzo, como si fuese el último suspiro, tratamos de gritar al mundo la palabra olvidada, proscrita y que no quiere ser escuchada….”alumnos”

ALUMNOS es nuestro grito de resistencia, muchos de nosotros estamos en esta profesión porque nos hemos creído que de nosotros dependen generaciones futuras, porque nos hemos creído que tenemos que esforzarnos por nuestro alumnado, porque nos hemos creído que tenemos que mejorar continuamente en nuestros métodos formativos; en definitiva, porque nos hemos creído que ser profesor significaba dedicarse a la formación (y al aprendizaje).

Triste, pero  no desanimado, muchas personas estamos preparadas para esto,  porque todo esto ya lo sabíamos;  mi abuelo ya lo decía…. “pasas más hambre que un maestro de pueblo”.

 

Alcance de la aplicación de la innovación educativa.

En el ámbito industrial las innovaciones rápidamente se transforman en valor, bien sea mejorando la eficacia, prestando un nuevo servicio o generando un nuevo producto. Es fácil identificar un producto innovador y es habitual que esa innovación sea rápidamente asumida por el entorno y exportable a otros contextos.

Sin embargo en formación esto no ocurre. Es difícil identificar la innovación educativa hasta para el propio profesorado, lo que para algunas personas es innovación para otras ni tan siquiera es aplicable.

Evidentemente si en un determinado contexto (el formativo) resulta difícil identificar la innovación, será bastante difícil  aplicarla, transferirla, generar nuevos productos y mejorar la eficacia de los procesos formativos.

Si deseamos situar la innovación educativa a los mismos niveles que la innovación industrial tendremos que identificar todos los motivos por los que, en nuestro ámbito, la innovación no se basa en los mismos parámetros que en el ámbito industrial.

Uno de los motivos es el alcance de aplicación.

Una innovación industrial se hace utilizando como referencia un mercado, sector o necesidad real. Cuándo el profesorado realiza innovación educativa se hace utilizando como referencia, sus alumnos, su materia y su necesidad (y esto no siempre).

Una innovación industrial se hace utilizando como referencia los últimos conocimientos en la materia, las últimas tecnologías desarrolladas y las innovaciones de la competencia. Cuando el profesorado innova lo hace utilizando sus conocimientos en la materia, la tecnología que el conoce (o desconoce) y sin importarle lo más mínimo las innovaciones de la “competencia”.

¿Cuál es el resultado? La innovación industrial tiene impacto en un determinado sector de la sociedad, transformándose en un producto o servicio demandado por la sociedad. El resultado en la innovación educativa tiene impacto (algunas veces) en una determinada asignatura, con un determinado profesorado y con un conjunto concreto de alumnos.

Evidentemente la innovación industrial es fácilmente identificable, medible y exportable. En el contexto educativo, la innovación ni es identificable (para cada profesor significaría una cosa distinta), ni medible (para cada profesor se deberían utilizar variables distintas), ni exportable (por que se ha realizado para utilizarse en un contexto muy limitado: el profesor, sus alumnos y su asignatura).

Este hecho explica situaciones tan variadas como la dificultad para exportar la innovación de una asignatura a otra, traducir la innovación educativa en un producto o servicio de aplicación general en el mundo formativo y por qué la innovación educativa significa cosas distintas para cada uno de nosotros.

Evolución y adaptabilidad en el proceso de formación.

 

Fofografía: Fuente: Flickrcc Autor:Loungerie

Somos el fruto de una adaptación a un medio cambiante. Los homínidos que se adaptaron al medio sobrevivieron y evolucionaron y los que no se adaptaron, sencillamente desaparecieron.  Esto no es nuevo, la naturaleza siempre ha sido muy cruel con los seres vivos que no se han adaptado,  sencillamente los extingue para dar paso al reinado de los que, en ese momento, son capaces  de hacerlo. Evolución y adaptación van de la mano.

Lo mismo ocurre con las organizaciones. Han desaparecido las que no se han sabido adaptar a la evolución social y las que no pueden desaparecer (como algunas entidades públicas) no realizarán su misión con eficacia.

La sociedad ha evolucionado y, por tanto, todos sus productos y servicios también y desde nuestro contexto universitario, se supone que nos hemos adaptado a esa evolución. Esa adaptación se llama Bolonia, y se realiza a varios niveles: titulaciones, mediciones de carga de trabajo, control de calidad… Pero me centraré en analizar la evolución que se ha producido en la última línea (o primera, que dirían muchos), es decir, “en nuestras aulas”.

Las aulas son esos contextos donde profesorado y alumnado interactúan para hacer crecer el conocimiento. Veamos cual ha sido su evolución… bueno… la verdad es que en las aulas donde yo imparto clase no se ha evolucionado nada. Mismos espacios, mismas mesas, mismo número de alumnos, mismos medios (tenemos internet desde hace mucho tiempo), el profesorado es el mismo y el perfil del alumnado también… por tanto, el espacio de interacción no ha cambiado, no ha evolucionado.

Habitualmente la adaptación es una respuesta a la evolución. Sin embargo, en el caso de nuestro trabajo diario… nos “hemos adaptado” sin que haya evolución….y claro… esto de ir contra las leyes de la naturaleza tiene sus consecuencias.

La adaptación que se supone que hemos realizado “por ley” consiste en adoptar paradigmas de aprendizaje en lugar de paradigmas docentes. Quienes lo han intentado se han dado de bruces con el esfuerzo, a menudo inviable, que supone para el alumnado y profesorado seguir estos paradigmas en contextos no evolucionados.

El contexto del día a día continúa siendo un contexto preparado para paradigmas docentes. Es el mismo, no ha evolucionado y por tanto la adaptación no será viable. Lo peor de todo no es que los contextos no estén preparados para la adaptación, sino que nos creamos que nos estamos adaptando y, por tanto, incorporando paradigmas de aprendizaje, cuando realmente lo que estamos haciendo es cambiar los postres, dejando el mismo menú.

Hace unos días escuché decir a un profesor, que imparte la misma asignatura en dos titulaciones diferentes, que una había tenido más éxito que la otra. Esto sucedía en la titulación que requería una nota media de entrada más alta. Por tanto, se podría deducir que el perfil del alumno es clave para el éxito de la formación. Esto es cierto siempre, pero en un paradigma docente, el alumno que quiere tener éxito debe adaptarse al profesorado y, evidentemente, en ese caso, se adaptó el alumnado más brillante. En los paradigmas de aprendizaje la clave radica en que es el profesor quién debe adaptarse al contexto y esto, en las actuales aulas no evolucionadas, requiere un sobre-esfuerzo que muy pocas personas están dispuesta a asumir (entre otras cosas porque después no tiene ninguna repercusión en el reconocimiento profesional).

Así pues, tenemos una situación un tanto extraña. Todo el contexto a nuestro alrededor ha evolucionado (nuevas titulaciones, programación en competencias, nueva medición de carga de trabajo, cambios sociales, económicos, culturales etc) y, sin embargo, nuestro contexto del trabajo del día a día no ha evolucionado. Aplicar los cambios es complicado (a menos que se hagan postres) y en la mayoría de los casos es inviable. Por tanto, la gran pregunta es ¿podemos hacer algo o esperamos a que el contexto evolucione?

Soy de la opinión que nosotros (profesorado y alumnado) tenemos que hacer que nuestro contexto del día a día evolucione y para ello debemos focalizar nuestro esfuerzo innovador en los siguientes aspectos:

Utilizar metodologías que permitan que el profesorado se adapte al contexto. La adaptación al contexto puede ser desde adaptar la estructura de la asignatura en función del perfil del grupo (nivel educativo, objetivos formativos, número de alumnos, características generales del grupo …) hasta adaptarnos a un alumno en concreto (lo que sabe, en qué forma aprende, cómo evoluciona su aprendizaje …). Evidentemente toda personalización presenta dificultades en su aplicación, pero al menos nos permitirá medir el esfuerzo, identificar los problemas, definir los tipos de recursos que podrían reducir el esfuerzo, etc.

Hacer I+D+I en tecnologías flexibles. Las tecnologías flexibles son las que nos permitirán aplicar metodologías adaptables a un coste razonable. Podemos reconocer a una tecnología flexible por ser capaz de adaptarse a las necesidades comentadas en el punto anterior. Las tecnologías no flexibles son aquellas a las que tenemos que adaptarnos.

En tecnologías consolidadas elegir las basadas en software libre. Por ejemplo, en sistemas LMS, que actualmente utilizan todas las universidades, es preferible utilizar software libre porque está más adaptado a nuestras necesidades. La razón es muy sencilla, en el software libre (sobre todo el que tiene éxito) las modificaciones las hacen los propios usuarios y además esos usuarios pertenecen a universidades de todo el mundo; por tanto, el software libre está más adaptado a nuestras necesidades. Ningún sistema propietario puede competir con esto

Si trabajamos en estos aspectos, estoy convencido que conseguiremos cambiar el menú (primer y segundo plato). Si continuamos realizando actividades (sin centrarnos en la adaptabilidad) estaremos añadiendo postres al menú. Por cierto, esto de los postres me recuerda una escena de los Simpson:

Por fin, la familia de Homer está orgullosa de que tenga un trabajo que desempeña con eficacia y es apreciado por sus vecinos. Marge está tan contenta que le prepara su comida favorita:  el primer plato y el segundo son postres….. a lo que Homer entusiasmado pregunta … ¿y el postre?, ¿también es un postre?…a lo que Marge responde… que sí.

Evidentemente una comida formada solo por postres sería el sueño dorado de muchos, principalmente de los más jóvenes.  Pero del mismo modo que no pondríamos a nuestros hijos una comida basada en postres, tampoco se la daríamos a nuestros alumnos. Por tanto, centrémonos en el primer y segundo plato.

La Noria

Fotografía: Fuente Flickrcc. Autor:Cosmovisión

Con mucha ilusión y poco equipaje nos hemos subido en un tren cuyo destino era Bolonia. Encantados estábamos de subirnos a un  tren de última generación: veloz (por la corta duración del viaje), eficaz (ya que se programa en competencias y utiliza paradigmas de aprendizaje), adaptado a las nuevas necesidades de la nueva sociedad (homologación, medición de créditos adaptados al trabajo del alumnado….).

Como era previsible, llegados a Bolonia, el tren continuaba su andadura (muchas personas decían que Bolonia era el origen, no el destino) y además la vía estaba en cuesta, una cuesta arriba previsible (todo nuevo proceso tiene un tiempo de adaptación que exige una gran inversión de esfuerzos y recursos).

El problema es que, deslumbrados por el tren, no nos fijamos en las vías, y ahora que estamos llegando al final de la cuesta, vemos que se dobla para volver al punto de partida. La vía se ha convertido en una noria. Hace muy poco tiempo, un colega, me decía que se encontraba como en una noria, había momentos que estaba bien (cuándo llegaba a lo alto) y momentos que estaba mal (cuando llegaba a la parte baja).

Hemos llegado a lo alto porque todo el profesorado ha incorporado muchas y variadas actividades, pensando que al incluirlas estábamos haciendo paradigmas de aprendizaje; estábamos formando en competencias;  estábamos adaptándonos al alumnado y estos participando de forma activa en el aprendizaje.

Lo malo es que nos hemos dado cuenta que lo único que hemos hecho es aumentar la carga de trabajo (tanto para el alumnado como para el profesorado) y que lo que se dice, muchas competencias no se han adquirido, más bien el resultado del aprendizaje es similar a la era pre-Bolónica.

La escasa implicación del alumnado en el proceso de aprendizaje, la imposibilidad de corregir las decenas de actividades que se proponían, la inviabilidad de los trabajos en grupo (con aulas de más de 70 alumnos), la mala logística disponible (los recursos siguen estando adaptados a los paradigmas docentes) y la falta de experiencia del profesorado en aplicar este tipo de paradigmas ha lastrado el tren, de tal forma que por su propio peso está bajando por la noria.

Probablemente se vuelva a recuperar el aliento y volvamos a subir, y estoy seguro que seguiremos dando varias vueltas.

Es verdad que el tren es nuevo, pero lo que no tengo claro es la salida de la noria, es posible que en una de esas vueltas salgamos por la vía del paradigma de aprendizaje, pero también es posible que volvamos por la vía en la que entramos en la noria.

Lo triste de todo, es que las personas que han diseñado Bolonia, nuestros gestores, políticos, colegas, alumnado y sociedad en general, seguirán mirando el tren sin fijarse por la vía en la que se traslada.

Lo triste de todo, es que el profesorado seguirá diseñando y aplicando actividades, pensando que las actividades configuran el paradigma de aprendizaje, cuando realmente el paradigma de aprendizaje es el que configura las actividades.

Y lo triste de todo, es que el alumnado seguirá haciendo lo que le diga el profesorado, pensando que es lo mejor para aprobar, cuando lo que realmente importa es el aprendizaje adquirido (conocimientos, habilidades y capacidades) no un número en un expediente.

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