
La lectora
No, amig@s lectores, no es el resultado de un estudio europeo, ni una encuesta entre los ejecutivos de las empresas más innovadoras, ni un análisis de los hábitos que tenían en la niñez las personas más brillantes del planeta.
Esta frase se la dijo el apuesto Gastón a Bella, en una escena de la película de Disney “La Bella y la Bestia”. No es que Gastón la estuviese adulando, es que pensaba que no estaba bien que las mujeres perdieran el tiempo en leer (ya que la lectura hacía aflorar ideas y a pensar por su cuenta), tenían que hacer cosas más importantes; además no comprendía cómo una persona era capaz de leer en un libro sin dibujos, a lo que Bella respondía que así se utilizaba la imaginación.
El profesorado está claramente influenciado por Bella, piensan que leer un libro ayuda a tener ideas, a pensar y además si no hay dibujos hace que trabaje la imaginación. Por eso cada poco tiempo mandan a sus alumnos leer un libro (por supuesto sin dibujos) y hacer un resumen.
Leer un libro y hacer el resumen ¿lo recuerdan?. Nunca olvidaré ese tranquilo y relajante momento que surge en una noche de invierno, al lado de la chimenea (lo de la chimenea es licencia poética, ya que en mi casa había una estufa) al leer un buen libro. El problema es que el libro que te tocaba leer no tenía dibujos, era un rollo y además yo lo que quería era ver la tele (que en mi casa la acababan de comprar); o sea que yo estaba influenciado por el apuesto Gastón; no por lo de las mujeres (no sean mal pensad@s) sino porque pensaba que había otras cosas más importantes que hacer.
La mayoría de nuestros jóvenes adolescentes, creo que siguen influenciados por el apuesto Gastón, tampoco por lo de las mujeres; sino porque piensan que hay otras cosas más importantes que hacer que leer un libro sin dibujos.
Pero hay una gran diferencia entre mi situación como adolescente con la actual; ahora tienen Internet, basta dedicar unos minutos para tener el resumen del libro que se desee; pero no sólo el resumen: debates, interpretación, comentarios, reflexiones, etc.
Un alumno de 14 años me decía que era muy fácil hacer resúmenes de los libros; pero que había una profesora que los buscaba por internet, y si coincidía te suspendía. Se quejaba de que había que leer el resumen y hacer una versión parecida pero no igual.
Bien por la profesora, al menos hace que sus alumnos tengan algo de creatividad; tienen que leer algo que ha escrito otra persona, cambiarlo y pasarlo como propio (que por cierto, adquirir esta capacidad les será muy útil en el futuro, ¿quien no conoce a algún colega que ha hecho lo mismo pero con un artículo, trabajo,…?).
Con este post no pretendo reflexionar si hay más alumnos que leen el libro y hacen el resumen que los que lo copian, únicamente me sirve para ilustrar que la inclusión de las tecnologías educativas en la formación, muchas veces exigen cambios metodológicos, o al menos conocer muy bien cómo no se deben utilizar esas tecnologías.
Desde los inicios, los humanos hemos buscado herramientas que nos hagan la vida más fácil, los ordenadores no nacieron como una herramienta educativa, sus primeras aplicaciones eran la realización de cálculos matemáticos (lo hacían mucho más rápido y sin equivocaciones que cualquier otra máquina existente).
En este sentido no podemos reprochar nada a nuestros “Gastonianos” alumnos, utilizan el ordenador para mejorar el rendimiento (en unos minutos tienen el resumen).
El profesorado debe conocer lo que la tecnología puede dar de sí, para conocer tanto su mal uso como su buen uso.
Si conoce el mal uso (buscar resúmenes por internet), sabe que como mucho conseguirá que sus alumnos hagan una adaptación de otro resumen existente; si conoce el buen uso puede optar por otras opciones; por ejemplo crear una red social educativa para que los alumnos comenten pasajes del libro interesantes, opiniones, discusiones, ideas que le surgen del libro o de determinado episodio, y además si el profesorado participa en esa red, pues mejor.
Voy a parafrasear a mi buen amigo Enrique Rubio “el profesorado 1.0 debe conocer las capacidades de sus alumnos 2.0″ o los “Bellesianos” tenemos que conocer a los “Gastonianos”.
Escrito por Angel Fidalgo
Es natural que si comienzas a trabajar en algo nuevo, lo primero que hagas es tratar de ubicarlo en algún conocimiento ya existente. Actualmente, con internet, basta con dedicarle unos pocos minutos para que aparezca ante tí y a través de tu pantalla un verdadero mar de conocimientos, conceptos, experiencias, consejos y personas relacionadas con lo que quieres hacer, el problema no es el conocimiento sino como navegar (y pescar) dentro de ese mar.
Escrito por Angel Fidalgo 
Escrito por Angel Fidalgo 
Hay una vieja anécdota relativa al comienzo del uso del proyector de transparencias (se proyectaba lo que se escribía en un acetato o transparencia); fueron varias universidades las que dieron cursos de cómo utilizarlo para complementar la exposición teórica, dando soporte y entramado a la exposición verbal. Me contó un pedagogo que impartió uno de esos cursos que hubo un profesor que se entusiasmó con el nuevo “aparato”; al cabo de un tiempo el entusiasta profesor expresó a un estupefacto pedagogo cómo el proyector le permitía impartir el doble de teoría que en una clase normal, pasaba acetato tras acetato y no perdía tiempo en escribir en la pizarra. Este es un ejemplo de un mal uso de la tecnología, para ese profesor (mal profesor) el proyector de transparencias le permitía ir al doble de velocidad; no utilizaba las ventajas del proyector (que era complementar la exposición verbal para asentar algunos conceptos); hacía lo mismo que antes; pero peor.
Dejen a un niño en una habitación a solas con unas tizas y una pizarra; el efecto será el mismo que si le dejamos ante unos caramelos. Estará encantado de garabatear la pizarra con las tizas. Ignoro qué tipo de atracción tiene una tiza y una pizarra para los niños; pero lo cierto es que se pueden pasar horas y si hay varias tizas y varios niños todos compartirán la pizarra.



