¿Qué se podría haber hecho, y no se ha hecho, con la innovación educativa durante el confinamiento por el COVID-19?

La pandemia originada por el coronavirus ha producido, y va a producir, una serie de ajustes drásticos en la mayoría de los sectores y la educación es uno de ellos.

De momento, la educación ha sufrido un cambio drástico, que evidentemente no estaba ni previsto ni planificado. El cambio drástico ha consistido en el abandono de la formación presencial para realizarla online.

Esta formación online lo es desde un punto de vista estructural; es decir, es a distancia y se utilizan tecnologías como canales de comunicación. Sin embargo, no es formación online desde el punto de vista pedagógico, ya que desde este punto de vista se requiere una metodología propia y planificada de forma previa al comienzo del curso.

El cambio es tan drástico que se podría comparar con un partido de fútbol en el que mientras se está jugando la segunda parte cambian todas las reglas del juego y además esas reglas no son conocidas ni por el árbitro, ni por los jugadores ni por el público.

Para tratar de dar una solución que garantice tanto la continuidad del aprendizaje como de su evaluación se han puesto manos a la obra diversos servicios:

  • Servicio tecnológico. Las tecnologías utilizadas como soporte a la formación presencial, son capaces de dar servicio a miles de estudiantes, pero si todos estos estudiantes se conectan a la vez, las tecnologías no van a responder. Por tanto, desde estos servicios se están realizando dos tipos de acciones: dar a conocer o recordar las tecnologías disponibles tanto al profesorado como al alumnado y coordinar el acceso para que no se produzca “un caída” de los sistemas informáticos.
  • Servicio jurídico. Para asegurar que con los cambios en los procesos tanto el profesorado como el alumnado no verán mermados ningún derecho académico ni jurídico. Por ejemplo, en la grabación de sesiones de videoconferencia, o en las evaluaciones con ayuda de sistemas biométricos, donde para identificar al estudiante y vigilar que no comete fraude al realizar el examen, se debe grabar su imagen, analizar sus movimientos e incluso vigilar su entorno. Esta situación es nueva y se debe garantizar el respeto a las leyes de protección de datos e intimidad.
  • Servicio académico. Que debe establecer procesos que ayuden a que, al menos mediante actividades online, se va a obtener el mismo aprendizaje que en la formación presencial y que la fiabilidad de las evaluaciones será, también, igual a la fiabilidad de los exámenes presenciales. Al igual que en el servicio tecnológico también se tienen que dar a conocer estos procesos tanto al alumnado como al profesorado.
  • Servicio gestor. Que tiene la difícil tarea de coordinar todos los servicios, de escuchar a todos los sectores (árbitros, jugadores y público), de regular, planificar y gestionar todas las acciones.
  • Servicio de Innovación Educativa: Este servicio, junto con el profesorado que realiza innovación educativa, ha fomentado cambios metodológicos y tecnológicos, ha desarrollado nuevos procesos de aprendizaje, nuevas formas de evaluación y ha integrado actividades presenciales y online. En esta pandemia educativa el profesorado que innova podríamos decir que es el que tiene los ingredientes para crear una vacuna.

¿Se ha tenido en cuenta la innovación educativa en todo este cambio?

Es posible que el profesorado que forma parte de los servicios tecnológico, jurídico, académico y de gestión hayan realizado innovación educativa y aporten esa experiencia. Pero la innovación educativa no se ha tenido en cuenta como tal.

Esto obedece a dos causas:

  • Una es que estamos en una situación de emergencia. Se requieren respuestas rápidas y no hay tiempo de analizar las diferentes innovaciones.
  • Otra es que las innovaciones educativas se suelen referir a un contexto muy particular que es la asignatura donde se ha aplicado la innovación y no se ha estudiado la viabilidad de esa innovación para el resto de asignaturas.

¿Y se puede sacar alguna conclusión de esta situación?

Hay dos conclusiones:

La primera es que evidentemente se ha estado planteando mal el enfoque de la innovación. Esta se debe diseñar de forma global y aplicarla de forma local. Hasta ahora se ha diseñado y aplicado de forma local (en la asignatura donde se hace la innovación).

La segunda es que en la gestión de la innovación educativa se ha olvidado que cuando en una organización se genera una innovación que funciona esta se debería implantar en el resto de la organización, e incluso en el sector. Se debería tener una estrategia para transferir e implantar la innovación educativa.

Hay que hacer un replanteamiento tanto del desarrollo como de la gestión de la innovación educativa. Cuando esto se haga, las buenas prácticas de innovación educativa se podrán utilizar de forma eficaz en situaciones como la que se ha generado por la pandemia.

Por acabar con algo positivo de la innovación educativa actual. Gran parte del profesorado que realiza innovación educativa está aplicando su experiencia para dar solución de forma efectiva y eficiente a esta situación. Eso sí, en sus propias asignaturas.



Categorías:Aprendizaje, Disrupción

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