Nunca un negativo fue tan positivo

Fotografía by A. Fidalgo

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Los “negativos” se suelen asociar a las primeras etapas de la educación. Cuando un niño o niña hacía alguna cosa que no se consideraba correcta se le ponía un negativo. Hay teorías que dicen que esto les motiva (seguro que lo del carnet por puntos se inspiraron en ellas), otras que les desmotiva y otras que a los niñ@s les es indiferente (sobre todo los que se acostumbran).

Otra forma de usar los negativos, esta vez en cualquier nivel educativo, son las evaluaciones tipo test, donde los fallos aportan puntos negativos que se restan a la nota total final.

Por tanto es lógico que asociemos los “negativos” a algo no deseado.

Hace unos días me hice un test de antígenos y el resultado me dio negativo. Comentándolo con una amiga, me dijo: “nunca un negativo fue tan positivo”.  Evidentemente en el contexto médico se puede asociar los negativos a algo deseado cuando expresa la ausencia de una enfermedad.

Sin embargo, esta frase también la podríamos, y deberíamos, aplicar en el contexto formativo, ¿Cuándo lo negativo es positivo?

La respuesta es muy sencilla, no tenemos más que pensar en el verdadero papel de nuestra profesión docente. Durante cualquier proceso de formación el alumnado suele cometer errores (como en la vida misma). El profesorado tiene que usar errores como un recurso didáctico, esto es, convertir lo negativo en positivo.

Se entiende mejor con un ejemplo. Imaginemos que estamos enseñando a montar en bicicleta a un niño, lo lógico es que en algún momento se caiga. A nadie se le ocurriría castigar al niño porque se ha caído, sino que le diríamos la razón por la que se ha caído, le ayudaríamos a corregir el error y comprobaríamos que cuando se monte en la bici ya lo hace bien. Así pues,  hemos convertido lo negativo (se ha caído) en algo positivo (le hemos enseñado a partir del error).

Es cierto que no es lo mismo enseñar a un niño a montar en bici que a 50, pero para eso está la innovación educativa: aprendizaje personalizado, inteligencia colectiva y gestión del conocimiento son algunos métodos que nos ayudarán a enseñar a partir del error. O lo que es lo mismo, a que nuestro alumnado vea que cometer errores entra dentro del proceso de aprendizaje y que, precisamente, el profesorado está para utilizar esos errores como algo con lo que aprender.



Categorías:Aprendizaje, Aprendizaje Personalizado, Educación, Inteligencia Colectiva

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