Cómo quitarse la venda de los ojos para impartir una lección magistral

Una experta en pedagogía nos decía en un curso que para realizar un buen proceso de formación teníamos que seguir tres sencillos pasos:

  1. Conocer lo que cada alumno de tu clase sabe o cree saber.
  2. Adaptar los recursos y aprendizaje a cada alumno de forma personalizada en base al punto anterior.
  3. Realizar acciones correctoras en función del proceso de aprendizaje de cada alumno.

De esta forma tan sencilla se puede conseguir un aprendizaje profundo e incluso acabar con el fracaso escolar.

Un gran conocido del profesorado, Bloom, llegó a demostrar la eficacia de ese método a través de su famoso artículo,: “The 2 sigma Problem: The Search for Methods of Group Instruction as Effective as One-to-One Tutoring”llegando a medir el incremento de aprendizaje en un contexto individualizado (un profesor por alumno) frente a otro colectivo (un profesor para 29 alumnos), y el resultado ya se lo pueden imaginar.

Sin embargo, para un gran número de profesorado la realidad es que tienen que impartir un extenso temario a 40, 60 o incluso, como es el caso de la universidad, a más de 100 estudiantes en una misma aula y con poco tiempo para hacerlo. Tampoco es una alternativa viable económicamente para las administraciones educativas, ya que para atender de manera personalizada al alumnado se requeriría, al menos, multiplicar por 10 el profesorado de una misma asignatura.

Así pues, en las lecciones magistrales, el profesorado imparte una clase para un “imaginario alumno medio”, en función de su propia experiencia, de los objetivos de la asignatura y presuponiendo que todos tienen un nivel de conocimiento similar y un mismo estilo de aprendizaje.

Dicho de otra forma, es como si el profesorado, respecto a su alumnado, se pusiera una venda en los ojos e impartiese las clases para alumnos imaginarios, todos ellos cortados por el mismo patrón.

¿Hay alguna forma realista de quitarse la venda?

Lo cierto es que sí la hay. Por ejemplo, una lección magistral de dos horas se puede dividir en dos partes: una online, a distancia y realizada de forma previa a la lección magistral propiamente dicha, donde el alumnado dedique una media hora a adquirir un pequeño concepto y a realizar un micro trabajo sobre el mismo. La hora y media restante se dedica a una lección magistral tradicional.

¿Y la venda?

Pues si el profesorado, antes de impartir la hora y media de lección magistral, observa la interacción del alumnado con el concepto, las dudas y los resultados de la micro-actividad, podrá tener una “foto” del conocimiento previo de su alumnado, así como de sus puntos fuertes y débiles. Eso le aportará evidencias para preparar una lección magistral más personalizada, efectiva y adaptada a la realidad de su alumnado. Por tanto, se ha quitado la venda de los ojos.



Categorías:Aprendizaje Personalizado, Flip Teaching

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