Muchas titulaciones, principalmente las técnicas, requieren la realización de un proyecto fin de carrera. Hoy en día el proyecto se considera como una asignatura más, y en muchas ocasiones se ha convertido en un acto social donde la familia del alumno acude para ver cómo su hij@ acaba la carrera (posiblemente llenos de felicidad porque piensan que por fin dejarán de mantener a sus hijos).
En mis tiempos el proyecto se consideraba prácticamente como un curso completo, era bastante duro y más parecía el último acto de humillación antes de acabar la carrera, a nadie se nos ocurría llevar a esa sala de tortura a nuestros familiares.
Cuando nos quedaba poco tiempo para comenzar a realizar el proyecto fin de carrera, un grupo de personas decidimos acudir, como público, a la defensa de algunos de ellos, alguna experiencia sacaríamos y posiblemente nos orientará cómo plantear nuestro propio proyecto.
El alumno defendía su proyecto en base a las materias en las que se basaba el mismo, así hablaba de técnicas de programación, estructuras de datos, subrutinas, comunicación entre módulos, lenguaje de programación, arquitectura del ordenador, etc.
La verdad es que eran unos proyectos bastante buenos, donde se habían invertido cientos de horas de programación, utilizado lenguajes bastante potentes y ordenadores punteros. El presidente del tribunal solía ser el director de la escuela (profesor Mateo) y siempre les hacía la misma pregunta:
…muy bien, muy bien, pero … ¿y esto para qué sirve?
La cara de los alumnos solía ser todo un poema, algunos ponían cara de “Dios mío, pero cómo es posible que no se haya enterado para qué sirve..” otros .. “Es verdad, para que leches sirve este proyecto”,…y otros ”Pero si lo he dicho, ¿tan malo soy explicando?”.
En cualquier caso todos los alumnos hacían una pausa, ponían cara de sorprendidos y después salían como podían, incluso uno llego a decir que el programa lo había vendido y era secreto.
Los alumnos presentaban el proyecto con el mismo método que les habían enseñado en las distintas asignaturas (técnicas de programación, sistemas operativos, arquitectura de ordenadores,….); es decir, hablando de la materia; demostraban el conocimiento que tenían sobre ella, desarrollando los conceptos que les habían enseñado.
Personalmente tomé buena nota y lo primero que decidí fue para qué iba a servir el proyecto, decidí dedicarlo a la “enseñanza asistida por ordenador”, por tanto lo primero que hice fue enterarme para qué servía eso de la informática educativa, ver los problemas y qué soluciones podía aportar; lo secundario fueron las técnicas de programación y la arquitectura de ordenadores.
El proyecto lo presenté con el ordenador más barato y menos dotado técnicamente que existía en ese momento, con el lenguaje de programación más simple y sin emplear ninguna técnica de programación puntera (la que nos enseñaban en el último curso).
Algunos decían que estaba loco, presentaba un proyecto con el peor ordenador, con el lenguaje más simple y sin emplear las técnicas más avanzadas de programación; estaba cantado que me iban a destrozar.
Sin embargo, el resultado fue excelente (la verdad es que ni yo mismo me lo creía), ¿dónde estuvo el éxito? En que centré la exposición en el “para qué sirve el proyecto”, lo que había conseguido, la mejora de resultados que obtuvieron los alumnos que participaron en las pruebas piloto y lo secundario fue el ordenador, el lenguaje y las técnicas; demostré a los profesores que apliqué lo que me enseñaron, no me empeñé en demostrar que me sabía “los apuntes”.
Siempre que comienzo un curso me dedico a comentar a los alumnos para qué sirve lo que les voy a enseñar, nunca me centro en la materia que les voy a enseñar.
Quiero gritarles ¿¡Ven cómo lo que enseño sirve para algo!?
Escrito por Angel Fidalgo
A nuestros alumnos se les evalúa por los conocimientos que adquieren en determinadas materias; aprobar significa éxito y suspender fracaso. El éxito o fracaso depende principalmente de tres factores: el profesorado, los recursos y el propio alumnado. 








Innovación docente se suele utilizar como sinónimo de innovación educativa; de hecho, muchos autores, instituciones y convocatorias de financiación lo usan indistintamente.

